Música

Cómo fueron los últimos años de Soda Stereo antes de la separación

En 1997, Gustavo Cerati decidió que no quería seguir tocando con sus compañeros y el 1 de mayo de de ese año se hizo el anuncio oficial: la banda no iba a continuar

Parados en círculo y a oscuras en la sala de Supersónico, el búnker de Soda Stereo ubicado en el barrio de Coghlan, Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti volvían a reencontrarse una tarde de invierno de 1994 para ensayar después de un año y medio sin tocar juntos. Era la primera de una serie de sesiones que parecían propulsadas por la fuerza empastada de un motor en desuso, con el trío intentando reactivar la memoria creativa de ese gran artefacto artístico que ya lo había experimentado casi todo: desde el salto meteórico a la cima del rock latinoamericano y la gloria temprana, hasta un reciente estadío de desgaste y desánimo después de largos años de ritmo frenético a bordo de su propia fábula pop.

La distancia entre los integrantes del grupo crecía, y particularmente Cerati parecía cada vez más desanimado con la idea de seguir al frente de la banda. Tras la salida de Dynamo, el 1º de octubre de 1992, y el primer tramo de la gira presentación que arrancó a principios del 93 con shows en Chile, Paraguay, Venezuela y México, Cerati había decidido abandonar el tour que seguiría por Estados Unidos y España, para volver a Chile y acompañar a su mujer, Cecilia Amenábar, durante su embarazo. Por primera vez, la idea de la separación empezaba a emerger en el futuro de Soda Stereo. “Yo literalmente colgué la gira de Soda, los abandoné. En México les dije: «Me bajo». Y me fui a Chile a vivir con mi mujer el embarazo”, dijo tiempo después Cerati a Rolling Stone. “Lo vivía como una prisión artística y laboral. No hay nada peor que no sentir.”

Mientras el patrimonio simbólico de Soda crecía, las tensiones económicas dentro de la banda empezaban a hacerse cada vez más visibles. “Zeta decía que el grupo debía firmar todas las canciones. Y eso me parecía válido, siempre y cuando el esfuerzo fuera compartido. Pero cuando soy yo el que está haciendo prácticamente todo, no me parece justo”, le dijo Cerati a RS.

En ese contexto, la reunión en Supersónico, que parecía ser una oportunidad para reflorecer la vitalidad del trío, no estaba argumentada por una necesidad creativa, sino por una cuestión afectiva y emocional: unas semanas atrás, el trío se había reencontrado en la sala de espera de un hospital para acompañar a Zeta en uno de los momentos más difíciles de su vida: la mañana del 4 de julio de 1994, su hijo Tobías, de 3 años, había sido víctima de un accidente automovilístico y permanecía internado con graves quemaduras, luego de que el auto en el que viajaba rumbo al jardín chocara con un colectivo y se incendiara. Después de esa tragedia, el regreso a la actividad de Soda Stereo parecía ser la mejor forma de contener a Zeta y mantenerlo ocupado durante el proceso de duelo.

El reencuentro del grupo dentro de un estudio de grabación y en un frágil estado emocional exponía las diferencias que se hacían cada vez más sustanciales. En el último tiempo cada uno había avanzado en diferentes proyectos personales, adquiriendo nuevas experiencias y modos de trabajo. Mientras esperaba el nacimiento de su primer hijo, Benito, Gustavo había grabado su debut solista, Amor amarillo, y se fanatizó con el acid house y la música ambient. Charly estaba sumergido en el flamante cosmos de la informática como entrepreneur y venía de grabar el primer disco con Plum, banda formada junto con su novia Deborah de Corral. Y Zeta había trabajado como productor artístico en discos de grupos como Peligrosos Gorriones y Aguirre. Todo ese nuevo bagaje empezaba a entrar en combustión en la intimidad de Supersónico, de cara a un nuevo disco de Soda.

Durante aquellos días surgieron extensas zapadas con teclados, sintetizadores y percusiones. A través de las texturas y los climas, el trío buscaba conductos por donde dejar crecer nuevas canciones capaces de llevar la música hacia un nuevo plano sonoro. Además, Gustavo aportó algunas canciones suyas que había compuesto en el último tiempo, como “Pasos”, “Crema de estrellas” (un outtake de Amor amarillo), “Coral” y “Zoom”, que quedaron registradas junto a ese gran archivo de ideas y bocetos que lograron acumular en el estudio. Pero a fin de año, el grupo decidió tomarse unas vacaciones y dejar reposar todo lo que habían grabado.

Zeta Bosio, Gustavo Cerati y Charly Alberti en Buenos Aires, abril de 1997.

Cuando volvieron al trabajo, a principios de 1995, se encontraron con material suficiente como para editar un álbum doble. La idea era hacer un disco con canciones y otro con música instrumental Oprincipalmente electrónicaO, pero la compañía discográfica descartó enseguida la propuesta. Dentro de las 25 potenciales canciones que tenían, sólo les faltaba un hit capaz de darle impulso al disco y romper con la languidez de un trabajo en donde predominaban los sintetizadores y prescindía casi por completo de estribillos y riffs de guitarras. “Paseando por Roma” era un tema con fuerza, pero no parecía tener el efecto que necesitaban. Mientras buscaban inspiración en viejas ideas, Gustavo empezó a soltar una progresión de acordes y de manera instantánea el grupo le dio forma a la estructura básica de “Ella usó mi cabeza como un revólver”, que se transformaría en el primer corte del disco. “Fue similar a lo que había ocurrido con ‘De música ligera'”, recuerda Zeta Bosio en Yo conozco ese lugar, su biografía. “Algunos a eso le dicen ‘casualidad’, yo lo llamo ‘mística’.”

Ese mismo enero de 1995, la banda grabó buena parte del material en Supersónico y el 24 de abril viajó a Londres para sumar voces y mezclar el disco en los Estudios Matrix Oubicado en uno de los extremos del Hyde ParkO, donde se habían grabado discos de XTC, The Smiths y Massive Attack, entre muchos otros. Era un estudio con historia, pero con la apariencia de un reducto sombrío y de esencia underground.

Durante aquellos días en Londres, Cerati, Bosio y Alberti se alojaron en un departamento de dos pisos en el barrio Earls Court y sus días se dividieron entre sesiones de grabación, que comenzaban al mediodía y terminaban por la noche, y excursiones por disquerías, ferias de ropa y festivales de música electrónica. Según Zeta, la intimidad de la banda y el clima de trabajo eran buenos, pero cuando aparecían personas ajenas al trío Ocomo Cecilia Amenábar o el periodista Pablo Schanton, que era amigo de Gustavo y había viajado para cubrir la grabación del discoO, las cosas cambiaban. “Como solía ocurrir cada vez que alguien del círculo íntimo de Gustavo se sumaba a la experiencia Soda, él cambiaba su relación para con nosotros”, dijo Zeta. “Tomaba una distancia considerable e interpretaba un personaje que no se correspondía con la persona con la que compartíamos las salidas y los momentos íntimos.”

Más allá de la relación interna del grupo, el trabajo realizado en Londres dejó conformes a todos. Bajo la producción artística de Cerati y Bosio, la banda había logrado trabajar un disco que parecía procesar toda la obra de Soda Stereo a través de canciones de corazón pop, calibradas con sutilezas tímbricas de aroma inglés, mayor presencia de sintetizadores y arreglos de cuerdas a cargo de Alejandro Terán. Los estribillos heroicos se habían transformado en lapsos de oscuridad digital y experimentación. Como había ocurrido con Dynamo tres años atrás, Sueño Stereo lograba reformular nuevamente el sonido de la banda.

La mañana del 1º de junio de 1995, las calles de la Ciudad de Buenos Aires amanecieron empapeladas con afiches promocionales de Sueño Stereo, el primer lanzamiento del trío con el sello BMG, tras la ruptura con Sony. Y en las radios rotaba un spot publicitario que anunciaba novedades para los fans del trío: “El 21 de junio no sólo comienza el invierno… Empieza un sueño… Sueño Stereo: el nuevo disco de Soda Stereo”. Una semana después, Soda ofreció una conferencia de prensa en la discoteca Morocco, de Buenos Aires, donde tocó “Ella usó mi cabeza como un revólver”, “Disco eterno” y “Paseando por Roma”. Y presentó el video de “Ella usó…”, que pocos días más tarde llegaría al top ten del ranking de MTV.

“Lo principal fue juntarnos y ver qué nos pasaba entre nosotros después de ese tiempo de estar separados, pero día a día esto fue creciendo”, dijo Charly ante la prensa.

“Tuvimos que parar un poco y recuperar todo nuestro entorno, un montón de cosas que habíamos dejado de lado durante diez años de nuestras vidas. Eso fue lo que hicimos durante este último tiempo”, agregó Zeta en relación con el impasse del trío.

“Dynamo dejó una puerta abierta para seguir haciendo cosas, ésa es la sensación que tuvimos todos”, sumó Gustavo. “Así como mi disco Amor amarillo fue un disco íntimo, éste también tiene algo de intimidad de la banda. Un reencuentro para hablar de amores y odios no dichos durante mucho tiempo. Es más descarnado, peligroso por momentos, pero finalmente fue como más humano. Encontrarnos con esa persona después de no hablar de tantas cosas. Esto era como un matrimonio desmembrado, pero que tenía buen sexo sobre el escenario. Recuerdo de una pasión de antaño. Recuperar el amor sobre eso no fue fácil.”

La Gira Sueño Stereo, que empezó el 8 de septiembre con nueve shows en el Teatro Gran Rex a sala llena durante tres fines de semana seguidos, contaba con la incorporación de Tweety González en teclados, y de los hermanos Diego y Pedro Fainguersch, en viola y cello [más tarde se sumaría un tercer hermano: Ezequiel, en fagot].

Soda Stereo en los estudios de MTV, marzo de 1996.
Soda Stereo en los estudios de MTV, marzo de 1996.
A principios de 1996, el tour continuó por Venezuela, Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica, México y Estados Unidos, con shows en Los Angeles, Chicago, Nueva York y Miami, en los que Aterciopelados los acompañó como banda telonera.

Gracias al éxito que estaban teniendo los videos de “Ella usó mi cabeza como un revólver” y de “Zoom”, segundo corte del disco, los directivos de MTV les ofrecieron grabar un unplugged en la ciudad de Miami. Y durante los tiempos muertos de la gira, la banda empezó a ensayar en las habitaciones de los hoteles versiones intimistas, casi lounge, de varios de sus temas. “Básicamente fue versionar libremente y con muchísima improvisación las canciones que se iban a grabar”, dice Tweety González. “Era como un juego que a veces hacíamos en las pruebas de sonido. La diferencia es que esta vez iba a quedar plasmado en un show para MTV.”

El 12 de marzo de 1996, Soda Stereo grabó el unplugged, que finalmente no resultó un show desenchufado sino más bien una sesión de pulso eléctrico con momentos intimistas y la figura de Gustavo comandando la escena con aplomo y elegancia. Rodeados de fans y extras, sobre un plato circular iluminado por luces bajas, tocaron versiones de “Té para tres”, “Un misil en mi placard” y “Génesis” de Vox Dei, además de cuatro temas nuevos: “Coral”, “Planeador”, “Superstar” y “Sonoman”.

Cuando llegó el momento de “En la ciudad de la furia”, Gustavo invitó a cantar a Andrea Echeverri, de Aterciopelados, que terminó de colorear una versión nocturna y reverberante del clásico de Soda. En esa canción, una de las más recordadas del set, Cerati disparó balas de ondas supersónicas con su guitarra, mientras la banda parecía dibujar el contorno de un gran universo eléctrico. “Si bien la relación entre la banda no estaba diez puntos, era lo suficientemente buena como para seguir tocando”, dice Tweety. “Me animo a decir que fue una de las mejores performances que tuvo el grupo en toda su carrera”, dijo Zeta.

Terminada la gira, Gustavo volvió a instalarse en Chile a la espera del nacimiento de su segunda hija con Cecilia Amenábar. Mientras tanto, pasaba las noches tocando con Plan V, la banda de música electrónica que había armado durante sus ratos libre en ese país junto a los músicos Andrés Bucci, Guillermo Ugarte y Christian Powditch. Desde esa especie de clandestinidad que lo mantenía a salvo de la gran estructura de Soda, el nuevo proyecto le devolvía las ganas de hacer música de manera colectiva.

Lisa Cerati nació el 2 de mayo de 1996, y un par de semanas después Plan V editó su disco debut. Mientras tanto, del otro lado de la cordillera, el resto de la banda permanecía atenta a los movimientos de Gustavo, a la espera de su regreso y lista para seguir con el trabajo.

El 25 de septiembre se edito en toda latinoamerica el unplugged de MTV bajo el nombre Comfort y música para volar. “Más que acústico es un disco cool, de canciones confortables”, dijo Cerati. “Te instalás a escucharlo en un lugar de confort, pero pasan cosas que te sacan del lugar de aburguesamiento.” Con Cerati nuevamente en Buenos Aires, el álbum fue presentado en Soul Café y posteriormente con un miniconcierto en Promúsica, que fue transmitido por Rock & Pop y también por Internet, convirtiendo a Soda Stereo en el primer grupo argentino en transmitir con imagen y sonido por la red para toda Latinoamérica.

Con Comfort y música para volar recién salido, Soda Stereo encaró su gira promocional por Ecuador, Venezuela, México y Chile. Pero debido al desgaste interno acumulado, el ánimo dentro del grupo atravesaba su peor momento. La distancia entre Gustavo y el resto de la banda era casi insostenible. “En las últimas etapas llegamos a ni hablarnos”, contó Zeta en una entrevista televisiva. “Lo hacíamos sólo por medio de personas y para juntarnos a tocar.”

De regreso a Argentina, Soda tocó el 19 de noviembre de 1996 en la Plaza Moreno de La Plata, en un show gratuito para más de 150.000 personas, y el 23 de noviembre cerraron la primera jornada del Festival Alternativo en el Estadio de Ferro ante 15.000. Ese día llegaron a Caballito casi sin hablarse, en medio de un clima denso. Gustavo estaba enojado por un incidente que se había ocasionado durante la última gira, en la que a raíz de una broma que alguien hizo con los matafuegos el grupo tuvo que pagar los daños por la “destrucción” de varias habitaciones del hotel. La presentación en el festival, considerada por el trío como una de los peores de su carrera, dejó ver el clima tenso de una relación resquebrajada, algo que para la obsesión perfeccionista de Gustavo resultaba inadmisible.

“Si alguna vez -y fueron muchas- dijimos que cuando se acabara la diversión se terminaba Soda, parecía que había llegado el momento”, dijo Zeta.

Unas semanas después cuando se reencontraron en las habituales reuniones de fin de año que mantenía el trío, Gustavo manifestó que tenía muchos conflictos respecto del futuro de la banda y les comunicó a Zeta y Charly su necesidad de tomarse un tiempo para ver cómo decantaban las cosas. El encuentro terminó con la propuesta de dejar pasar el verano y volverse a juntar en febrero. Pero los meses pasaron y no había noticias de Gustavo. Durante ese tiempo Zeta y Charly planificaron que en caso de que Gustavo no quisiera seguir, debían armar una gira despedida.

Una mañana de marzo mientras desayunaba, Zeta se enteró leyendo un diario de que Soda Stereo se había separado. Enseguida intentó comunicarse con Gustavo y cuando logró ubicarlo, a pesar de que intentó convencerlo de todas las formas posibles, se dio cuenta de que no tenía ninguna intención de seguir con la banda. Charly, que estaba en Londres, se enteró de la noticia por medio de Zeta, que le explicó entre lágrimas la charla que había tenido con Gustavo. “Por primera vez sentía un futuro incierto, sin entusiasmo”, le explicó tiempo después Cerati al canal CNN. “Y otras cosas ajenas al grupo empezaron a entusiasmarme mucho.”

Pese a la decisión de Gustavo, Charly lo convenció para que realizaran una última gira que sirviera para despedirse de los fans y resarcir económicamente al numeroso equipo que trabajaba con la banda, muchos de ellos desde hacía 15 años. “Me pareció que teníamos que separarnos en buenos términos”, dijo Charly en el programa La Viola. “Gustavo estaba en contra, pero lo convencí y después le gustó hacerlo.” A cambio, Cerati pidió que cada concierto no se transformara en una despedida triste y el grupo dejara la imagen de fortaleza impoluta que habían logrado construir en todos esos años.

El anuncio oficial de la separación se produjo el 1º de mayo de 1997 con un breve comunicado a la prensa: “Soda Stereo confirma su separación, resuelta de común acuerdo. Pronto se anunciará la fecha de la realización en un estadio de la Ciudad de Buenos Aires del último show de la carrera del grupo”. Y unos días más tarde Gustavo escribió una carta que publicó el suplemento Sí! de Clarín. “Comparto la tristeza que genera en muchos la noticia de nuestra separación. Yo mismo estoy sumergido en ese estado porque pocas cosas han sido tan importantes en mi vida como Soda Stereo”, decía un fragmento. “Es un frágil equilibrio en la pugna de ideas que muy pocos consiguen mantener por quince años, como nosotros orgullosamente hicimos. Pero, últimamente, diferentes desentendimientos personales y musicales comenzaron a comprometer ese equilibrio (…) Cortar por lo sano es, valga la redundancia, hacer valer nuestra salud mental por sobre todo y también el respeto hacia todos nuestros fans.”

Durante los ensayos previos a la Gira Último Concierto, que empezaría por México y terminaría en Buenos Aires, recibieron la propuesta de formar parte de un disco homenaje a Queen que se estaba gestando. La banda no tenía demasiado tiempo ni fortaleza, pero finalmente aceptó grabar la canción “Some day, one day”. Ese registro, que pasó bastante desapercibido por los fans, guarda el valor de ser la última grabación del trío en un estudio.

20 de septiembre de 1997 en River: el último concierto.
20 de septiembre de 1997 en River: el último concierto.

El 28 y 29 de agosto de 1997 Soda Stereo comenzó a despedirse de su público en el Palacio de los Deportes del D.F. mexicano. Continuó el 2 de septiembre en el Estadio La Fundidora en Monterrey, el 6 en el estacionamiento del Poliedro, en Caracas, Venezuela; y el 13 en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, todos los conciertos a capacidad colmada.

Para el último show de la gira, el 20 de septiembre de 1997 en el Estadio de River, ahí donde Charly Alberti había conocido a María Laura Cerati, y donde la protohistoria de Soda Stereo había empezado a germinar a principios de los años 80, se montó un escenario con 200.000 watts de sonido [trajeron equipos de Brasil], 350 artefactos de iluminación y una enorme pantalla de video. “Como Gustavo había decidido hacer un solo River, el escenario que siempre se ponía sobre el arco, esta vez se corrió 15 metros para atrás, para que entre toda la gente”, contó Adrián Taverna, histórico sonidista de Soda y amigo personal de Gustavo.

“Con este concierto nosotros estamos celebrando un pasado y un presente. Estamos abrazando una idea de futuro”, decía Gustavo a TN, horas antes del show. “El domingo, además de plenos, nos vamos a sentir también aliviados de haber hecho las cosas bien todo este tiempo.”

Aquella noche previa a la primavera de 1997, el trío dejó por un rato sus diferencias y ofreció un show potente y emotivo, con una selección de clásicos como “Lo que sangra (La cúpula)”, “Canción animal”, “Persiana americana” y “Primavera 0”. Sobre ese gran escenario, frente a una multitud agolpada bajo un cielo oscuro, parecían estar cristalizando a conciencia una porción selecta del cancionero popular argentino. Fue una celebración de carácter histórico que contó con músicos amigos como Tweety González, Richard Coleman, Andrea Alvarez, Axel Krygier, Alejandro Terán, Fabián Von Quintiero y Daniel Sais; todos, en menor o mayor medida, habían sido parte de la historia del grupo.

Sobre el final, los acordes iniciales de “De música ligera” dispararon el momento más magnético y efervescente de la noche, en una versión que Cerati cantó a medias avasallado por la temperatura emotiva del público. Su frase final, en una improvisada catarsis de despedida, quedó grabada para la posteridad. “No sólo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo. Algunos siguen hasta hoy”, dijo visiblemente emocionado, antes de soltar el último riff de guitarra. “¡Gracias… totales!”

El abrazo final entre Gustavo, Zeta y Charly sobre ese gran escenario quemado por las luces sería el último gesto de cercanía del trío en mucho tiempo. Después de brindar frente al público con champagne, se escabulleron hacia sus camarines sin dirigirse la palabra. Aunque todo el equipo creía que iba a haber una celebración conjunta, cada uno se fue del estadio por su cuenta. “Esperábamos un brindis, pero no era muy festivo el clima”, contó Taverna. “El final del show fue raro, nos fuimos a camarines y ni saludé a los chicos”, dijo Charly. “Nunca nos peleamos pero estábamos muy cansados de estar juntos. Me fui para un evento sin ellos.”

“No había ninguna fiesta grupal para celebrar nada”, escribió Zeta. “Ya había terminado todo. No era necesario vernos más.”

*Artículo extraído del Especial de Colección Rolling Stone ‘Soda Stereo – la guía definitiva’, publicado en febrero de 2017

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