Música

Andrés Calamaro en 50 canciones: los primeros años

Los Abuelos de la Nada y el inicio de su carrera solista; las historias detrás de los temas que compuso en la década del 80.

 
En el estudio de Palermo, El Hornero Amable, en 1986.
Foto: Carlos Giustino / Aspix

Andrés Calamaro revelaba su técnica para componer en una canción del disco Nadie sale vivo de aquí, de 1989: “Las canciones las compongo caminando, entonces algunos versos se me van”, cantaba en “No tengo tiempo”, tema 6 del lado A de aquel disco que no sólo tenía un nombre familiar para cualquiera que alguna vez haya creído que Jim Morrison iba a reencarnar de un momento a otro (“No one here get out alive” es el verso-clímax de “Five to One”, de The Doors), sino que además tenía trece canciones que comprendían o imaginaban a muchos de los Calamaro por venir. “Empecé como todoterreno inmaduro con Raíces y con los Abuelos, pero hice bastantes otras cosas en calidad de sesionista gauchito”, me dijo Andrés hace un tiempo. “Tambien grabé mis primeros discos y mis primeros featurings, pero Nadie sale vivo de aquí es el primer disco que escribo entero y en el que logramos el sonido que seguimos usando en vivo y en grabaciones por mucho tiempo.” Aquel álbum, que hoy es una especie de clásico maldito (“un disco que gustó sin lograr nada”, dice el autor), apuró el escape de Andrés a España en plena hiperinflación. Sin embargo, se convirtió en un mojón compositivo -allí estaban los primeros chispazos producidos por la sociedad con Ariel Rot, que pronto estallarían con Los Rodríguez- y lo instalaron en el olimpo de los grandes compositores del rock nacional.

A fines de los 90, tras la implosión de Los Rodríguez después de tres discos fundamentales para el catálogo del rock hispano, la imagen del hombre que componía caminando mutó en la del que componía encerrado. Eran años en los que uno podía llegar de noche al departamento que tenía Andrés sobre la calle Pacheco de Melo e irse luego de horas de charla y música con un CD-R grabado en el momento. Un tiempo creativo que se convertiría en leyenda.

Hoy Calamaro dice que no reconoce una forma de componer establecida, que hay 50 maneras distintas de hacer una misma canción y que no tiene diplomas que lo acrediten como letrista, menos como poeta. “Yo no tengo métodos y prefiero tampoco revelar las formas. Confieso que hice trampas alguna vez, que tomé algún verso prestado o que robé demasiada fruta del árbol de canciones. Pero también ahorré canciones y, visto lo visto, fue más seguro que poner la plata en el banco.”

Cuando se le pregunta cómo fue que empezó a escribir, asegura que fue el resultado de un accidente, de algo que podría no haber ocurrido. “No tenía pretensiones de compositor. Ni las tengo ahora. No tengo urgencia por demostrar nada con las canciones. Tampoco pensé nunca que podía ganarme la vida cantando. Soy un baterista no demasiado frustrado, porque mi primer instrumento fue la batería y originalmente me fijaba en Keith Moon como modelo de músico de rock.”

“Mil horas”

‘Vasos y besos’ (Los Abuelos de la Nada, 1983)

Preparé esta canción en un piano, como un experimento. “Mil horas” no le gustaba a nadie. Para algunos de los chicos en Los Abuelos era “no-adecuado” hacer una canción así; Charly García decía que parecía “música rusa”. A veces pienso que preferiría no haberla grabado porque musicalmente estoy en otra cosa (a veces no lo pienso) y me incomoda que se me asocie siempre con éxitos populares. Haría todo de nuevo, pero “Mil horas” tuvo suerte y nosotros también. La letra tiene un poco de todo, es un collage psicotrópico, resentimental y un estribillo que parece anticiparse con cierta ironía a la música popular bailable actual. Hay decenas de versiones, algunas realmente mejores que las grabadas conmigo. Y una versión en vivo en Mar del Plata, en Grabaciones encontradas. Marcelo “El Cuino” Scornik había escrito letra para una introducción, como un prólogo. Ahora no recuerdo por qué la grabamos sin aquella introducción poética, supongo que fue una decisión de esas que se toman con la autoridad de la mayoría. A mí me da igual “Mil horas”: no me siento orgulloso de casi ninguna canción, ni siquiera me considero “autor de canciones”. Soy un músico más versátil y no vivo inspirado escribiendo. Lo que me hubiera gustado realmente es que Miguel la cantara por mí. Escucharla por Miguel sería una alegría importante, pero es impracticable en este mundo.

“Fabio Zerpa tiene razón”

‘Hotel Calamaro’ 1984

Eramos adolescentes con Gringui (Augusto Herrera) cuando la grabamos por primera vez, con Mario Breuer en Estudios del Jardín. La preparábamos con piano y guitarra, los arreglos los pensábamos en el colectivo y grabábamos juntos: bajo y batería, teclado y guitarra, voces. Algunos años después grabamos la versión de Hotel Calamaro, con la conducción de Charly. Estábamos manejando la ironía porque la situación para ensayar y fumar porros era delicada en aquellos años. Alejandro Lerner me aconsejó grabarla como balada, no sé si la letra sirve para una buena balada pero creo que ¡tenía razón! Fabio Zerpa vino al estudio a grabar el monólogo del final.

“No me pidas que no sea un inconsciente”

‘Hotel Calamaro’ 1984

La hicimos una Navidad con el Cuino en casa de mis viejos. Letra y música al mismo tiempo. La grabación tiene un defecto en la velocidad: todo el disco está un poco acelerado y afecta el sonido de la voz. No fue una buena idea. Tiene un arreglo de coros bastante bueno. Usé una secuencia de acordes con un “two-five” de menor disminuido y mayor aumentado para ir cambiando de acordes. Fue el principio del Cuino y yo como Bonnie & Clyde en mancuerna de autores de canciones. Aunque sin Bonnie. Supongo que éramos Clyde & Clyde porque hacíamos más que juntarnos a escribir, aquello era pura vida. Algo revolucionario y lleno de distintos grados de conciencia. Estábamos en unos “niveles profundos de investigación personal y sociopolítica”, pero este tema era apenas el principio y lo que intentábamos era soportar una Nochebuena y escribir algo bueno y confesional.

“Costumbres argentinas”

‘Los Abuelos en el Opera’ (Los Abuelos de la Nada, 1985)

La había grabado en ocho pistas de Fostex, una versión con coros bastante buena. Después de una noche complicada en Mar del Plata (el episodio de la trompada de Miguel que se comentó bastante) volvimos de madrugada y nos regalaron una bolsa de porro en la playa Bali, que es donde descansan incansables las cenizas de Miguel. De mañana y con el sol en la cara la cantamos por primera vez, en un asiento de un micro. Después la ensayamos en vivo y es la única versión grabada además de mi primer demo, bastante completo juntando humedad en una cinta de cuarto de pulgada. Es una letra que me incomoda un poco, pero es interesante que sea uno de mis emblemas sin haber sido grabada nunca en un disco que no sea en vivo.

 
Los Abuelos (Calamaro a la derecha) en enero de 1982, en el Festival Pan Caliente.
Foto: Andy Cherniavsy

“Acto simple”

‘Vida cruel’ 1985

La grabación de Vida cruel fue muy representativa de lo que eran las grabaciones hace treinta años. Grabando de noche, siempre puestos, invitando a todos los amigos talentosos para grabar. Viajes al fondo de la noche ¡para buscar un porro! Y volviendo a ver la sombra de la cabeza de Melingo en otro taxi (e invitarlo a que venga al estudio y grabe un saxofón). Habíamos grabado demos en un estudio palermitano que Pipo Cipolatti llamaba El Hornero Amable. Grabamos con Fernando Samalea y Richard Coleman principalmente. Me equivoqué porque Gustavo Santaolalla me propuso producir la grabación. Esa clase de errores que se pagan. Vida cruel es una buena grabación pero me traicionó el “hígado”, porque sería formidable escucharlo grabado con Gustavo. De todos modos representa la tremenda reunión de amigos nocturna que eran aquellas grabaciones en Panda. Probablemente estábamos con los labios negros de bajar con vino.

“Vi la raya”

‘Vida cruel’ 1985

Esta la hicimos con Charly en Palermo y la grabamos en cinta de ocho canales. Después en Panda la grabamos de nuevo con los músicos y con Luis Alberto. Es posible que también haya tocado una guitarra. No puedo precisar hasta qué punto el título (el nombre de la canción) fuese autoparódico o apenas una ocurrencia espontánea. Además da lo mismo. Ya habíamos tocado juntos con Charly en su primera banda después de Serú Girán. Lo conozco bien. Hace 35 años estábamos caminando por la playa de Pinamar sin ningún fastidio, entrábamos a los “chiringuitos” a pedir rabas con clericó. Grabando Vida cruel ya no teníamos 20 y 30 años, pero seguíamos “asociados” en la peculiar cadena de amistad y música que transcurre en Argentina y nos convierte en un país original. En el mejor de los casos más volcado al rock que a la música contemporánea de inspiración popular o bailable. Durante bastante tiempo fue así. Ahora somos un híbrido. El rock importa pero la música ligera abarca demasiada atención.

“Cartas sin marcar”

‘Por mirarte’ 1988

Tiene mucho aporte de Ariel (Rot). Yo hice la parte más fácil: Completé la letra y aporté los estribillos que tampoco son la octava maravilla. Me costó cantarla porque casi siempre estábamos afónicos de no dormir y mantener deliciosas conversaciones interminables. Creo que se podría cantar ahora y gustaría a las audiencias en vivo. Aquella era una época complicada, solo había espacio para los Redondos y Soda. Para los demás había migas. Los restos. Hacíamos giras por Argentina y volvíamos perdiendo dinero. Pedirse un Ballantines o comprar un gramo era equivalente a gastarse todo lo que podías ganar en aquellas giras que hacíamos en un Leyland a 80 km por hora. Los antiguos colectivos de la línea 31 travestidos en autobuses de tour. Incluso escribiendo canciones que potencialmente podían ser éxitos, vivíamos una especie de indigencia alegre como profesionales con espíritu amateur.

“Por mirarte”

‘Por mirarte’ 1988

El sonido de la época se estaba quebrando. De repente estábamos buscando sonidos más naturalmente crudos y razonables. No sé si es el caso de “Por mirarte”. A veces creo que el disco era una excusa para encerrarse a grabar y consumir estimulantes, fumando hierba todo el tiempo. Hay 50 maneras posibles de grabar una canción, y un disco.

“Vietnam”

‘Nadie sale vivo de aquí’ 1989

Estábamos grabando en Panda y llamé a Fito (Páez) y a Tweety (González). Nos reunimos esa misma noche y grabamos “Vietnam” los tres juntos con Gustavo (Cerati) y Rodolfo. Cada uno cantó una versión y agregó instrumento: Fito toca el piano y Gustavo una guitarra eléctrica. Después armamos una mezcla donde se nos escucha a los tres. Creo que es una gran canción de 40 segundos. Con un muy buen título (algo tan importante), que parece decirnos algo o quizás muchas cosas. Nuestro Vietnam. Los anticuerpos, la guerra del Atlántico Sur. Muchas veces me pidieron que la estire un poco, pero es una canción de 40 segundos con dos artistas emblemáticos y amigos, compañeros. Puede entenderse como un episodio importante en nuestra opereta rockera argentina, pero Nadie sale vivo de aquí es un disco que gustó sin lograr nada. No recibió elogios importantes, no vendió, no conseguimos trabajo. En un momento Ariel (Rot) viajó a Madrid y yo mandé a decirle que no se molestara en volver. Y terminamos allá con Los Rodríguez.

“Ni hablar”

‘Nadie sale vivo de aquí’ 1989

La escribí con piano y cuaderno. Supongo que es una de las mejores canciones que había escrito aquel año. Adivino que la hice al día siguiente de tomar un ácido. Tiene una atmósfera lisérgica o de resaca de trip. Me gusta. Me gusta la melodía de la guitarra y el saxo, me gusta esa atmósfera. Es armónicamente sencilla pero reúne las condiciones que me dieron esta relativa importancia como autor de canciones, un título que no me creo demasiado.

“Dos Romeos”

‘Nadie sale vivo de aquí’ 1989

Alejandro (Schanzenbach) me regaló el libro de Brian Aldiss (uno de los autores preferidos de Leo Masliah y de Stanley Kubrick) y armé esta canción que quizás tiene un aire a las grabaciones de Lou Reed en el disco New York. Usé afinación abierta en Sol. Casi nunca la tocamos en vivo. Una Navidad la tocamos en Palermo Viejo, ya era de día y dos se agarraron -mal- a trompadas.

“Señal que te he perdido”

‘Nadie sale vivo de aquí’ 1989

Creo que en aquella época la grabamos dos veces: con Moris y Man Ray, y para el disco. Probablemente la mejor canción de aquella cosecha y una de mis preferidas. Todavía hoy me gusta. La letra, la construcción de acordes simple pero armónica. Hay buenas grabaciones en vivo también, cuando el acorde de Mi pasa de menor a mayor y el canto sigue para llegar a la parte de acordes menores: “Será que con el tiempo esto se cae como una fruta podrida…”. Es una canción que podría haberle gustado a Luis Alberto; fuimos amigos pero hablábamos poco de música. Para él la música era como el fútbol, prefería evitar discusiones estéticas y hablar de otra cosa. En el momento que más me “defendió” (¡de su propio público!) fue en Vida cruel, que es un disco más experimentador. Sé que hubiera querido cantar alguna de mis canciones en su último gran banquete de música con las Bandas Eternas.

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