Música

“Los Redondos rompieron con todos los mitos”

Fuera de todo personalismo, para comprender los motivos del alcance de la obra de Patricio Rey hay que bucear en la sumatoria de todos aquellos factores que le dieron vida a su mística: la génesis del grupo en la mítica Cofradía de la Flor Solar con todos los músicos y artistas que fueron parte de su bohemia gestación, la iluminada y rebelde poesía de Solari y la química de su sociedad musical con Skay Beilinson, el contexto político y social en el que se desarrollaron como tierra fértil para su discurso de amos y esclavos, las miles y miles de almas que alimentaron su fuego en cada ceremonia y, también, el arte de Ricardo “Mono” Cohen, más conocido como Rocambole, el cerebro de su estética visual desde el comienzo hasta el final.

Es difícil, sino imposible, pensar qué hubiera sido de cada uno de estos factores sin la presencia del resto. A 30 años de la obra más emblemática de la banda, el pincel del artesano de Los Redondos acaba de editar “De regreso a Oktubre, lo que quedó en el tintero”, un material de colección para los amantes de esta historia que es una excusa perfecta para sentarse a charlar con él sobre esta maravillosa aventura y sus matices.

¿Cómo se hace, frente a la crudeza de la realidad, para darle al arte el espacio y la importancia que merece?

La cultura y el arte sufren en las condiciones críticas. Nadie se iba a poner a pensar en arte en medio de la Segunda Guerra Mundial en Europa en el año ’43 o ’44. Tampoco deben estar pensando en arte los refugiados de Siria. Obviamente, es lo primero que se descarta. Lo que parece innecesario, cuestiones de gente sensible que aparentemente no aportan nada, pero en realidad, al final nos damos cuenta de que el arte es lo más importante.

¿Qué lugar ocupa en los procesos de transformación social?

En primer lugar, nunca vi arte que sea tan competitivo como para tener que aplastar otra cosa para poder desarrollarse. No es como el sistema capitalista que para lograr una cosa tiene que depredar otra. El arte no lo necesita, y eso lo pone en una situación de elevación de la condición humana. O, al menos, diferente, para no parecer elitista.

Solés decir que la vida, la muerte y el amor, son los pilares de tu obra…

El arte se nutre de todas circunstancias que viven los seres humanos, como periodista vos sabés que las circunstancias trágicas son más conmovedoras. Una noticia es más noticia cuando sucede una catástrofe. Las cosas que están bien no son noticia. La materia del arte son las pasiones, como decían Roberto Arlt y Horacio Quiroga, el amor, la locura, la muerte, la desesperación, el arte es como sangre, sudor y lágrimas. La pasión es el látigo que reúne y sacude todo. El placer por la creación en solitario se queda ahí, necesita ser sacudido.

¿Cómo pensás que se verá en el futuro la obra de Los Redondos?

El mejor aporte que pudieron haber hecho Los Redondos fue demostrar que se podían hacer las cosas, como dijo el poeta, “saltando por sobre los decorados del establishment”. En su momento, se creía que para hacer música y tener cierta influencia, tenías que tener un manager con conexiones, conocido e influyente; un productor que te allanara el camino en situaciones de equipos, traslados y demás; que había que firmar con un sello grabador importante, si era multinacional mejor; hacer mucha publicidad, hacer centimetraje como se decía, aparecer en muchos medios con notas pagas o no pagas; aparecer en las radios y que sonaran tus canciones, cosa que muchas veces era suceptible a ser comprada por los sellos grabadores; y por último estar en televisión. En esa época Bernardo Neustad tenía un programa y decía: “El que no está en televisón, no existe”. Los Redondos rompieron con todos esos mitos. No estuvieron en televisión, no dieron notas pagas, no les pasaron los discos pagando, la manager era una amiga del grupo, no tuvieron productor, hicieron todo artesanalmente y de forma independiente editaron sus propios discos: todo lo que no había que hacer. Y, a la larga, si no es el grupo que más ha influenciado, está ahí. No sé si el mejor, pero sí el que más cantidad de gente conmovió con su estética, que ya casi forma parte de algo parecido a una religión. Como si fuera una verdad. A veces, cuando doy alguna charla para presentar un libro, me siento como esos ministros del señor que se ven en las películas como si fuera el que viene a transmitir la verdad (risas).

¿Cómo te llevás con ese peso tan grande?

Trato de soslayarlo. No me siento grandemente importante. Me tocó en suerte estar en un momento con un grupo de gente tan talentosa, como pueden ser Solari, Skay y otros. Porque, en realidad, Los Redondos parten de un grupo de gente de La Plata mucho más grande, vinculado al arte. Había muchísimos talentos allí, lo que pasa que después decantó en un grupo musical y, bueno, terminó siendo unipersonal ahora. Tuve la suerte de que me convocaran para la parte estética y que las imágenes que hice se difundieran de una manera que jamás, jamás, hubiera soñado.

¿Cómo te atravesó el final de la banda?

Yo soy un fanático más de Los Redondos, yo estaría en el frente del escenario pidiendo que se junten nuevamente cantando “Sólo te pido que se vuelvan a juntar”. Pero, obviamente, lo descarto. Desde mi punto de vista, creo que lo mejor que podrían hacer es no hacerlo.

¿Por qué? ¿Pensás que no sería verdadero?

Siempre sería sospechoso de tener un tufillo comercial la cosa. Pero estamos muy lejos de eso, porque no creo que a ellos les interesa nada de esto. Me parece que un “Grande Finale”, como dicen los italianos, sería que si en algún punto deciden reunirse para hacer algo, un disco, un recital, ojalá fuera para hacer algo socialmente interesante. Un hospital, supongamos. Algo que tenga que ver con una entrega social importante.

Ves los momentos de crisis como instancias donde el arte se ve obligada a retroceder. También pienso que es en esos momentos donde el arte más combativo gana lugar. ¿Hubiesen sido lo mismo Los Redondos sin el contexto de los ’90, por ejemplo?

Reitero, nunca las condiciones llegan a ser las mismas. Las cosas en la historia no se repiten absolutamente. En Roma hubo la revuelta de los gladiadores, hubo la Revolución Francesa, la Revolución Rusa, el Peronismo en el ’45, son todas cosas diferentes. La única unión que puede haber entre todas es que la gente reacciona contra algo y toma las banderas. Esa puede ser la unión. Pero todos son diferentes momentos.

Hablabas de que hoy tenías la sensación de vivir en un bosque de pantallas. ¿Cuánto nos resta y nos suma la tecnología de la hiperconexión?

En algunas charlas que doy suelo entrar en un terreno más historietístico y de ciencia ficción; que de una realidad demasiado tangible. Sinceramente, creo que vamos hacia un mundo en que van a desaparecer gran parte de las cosas que nos importan. En 30 o 40 años desaparece el petróleo, la electricidad, los robots van a reemplazar a absolutamente todos los obreros. Van a haber cambios muy importantes en cuanto a la tecnología con respecto a la imagen, y la realidad va a ser reemplazada absoluta y totalmente por la representación de la realidad. De hecho, creo que yo soy parte de eso. Imagino que las ventanillas de los trenes y omnibus serán reemplazadas por pantallas que van a transmitir publicidad y un paisaje lindo para que vos vayas contento. Me enteré que en algún lugar del norte de China, donde hay mucha polución y muchas nubes, la gente extrañaba mucho tener una puesta de sol, y las autoridades locales pusieron grandes pantallas donde proyectan atardeceres. Es un síndrome de cómo será el futuro. El futuro se transforma en la representación. Hoy todos tenemos una pantalla en el bolsillo. Yo no puedo dar ni clases, ni charlas, si no tengo un proyector; en mi casa está el televisor: y todas estas pantallas te envían imágenes.

¿De qué forma eso nos afecta como individuos?

El televisor me bombardea diciéndome lo que tengo que comer, comprar, y que auto tengo que tener para ser más lindo y ganador. Hoy nadie cree que estuvo en un lugar si no se saca una selfie in situ. Y si estuvo con alguien, en mi caso cuando los chicos vienen a que les firme el libro, se sacan una foto conmigo e inmediatamente la cuelgan en la red. Eso hace que sea real, sino, se olvidan que realmente sucedió. Si van a las cataratas y no llevaron el teléfono y sacaron una foto, no estuvieron. La realidad está siendo reemplazada por su representación. Y la representación de la realidad es peligrosa porque la tecnología tiene formas de alterarla. Antes, la fotografía era documental. Una imagen fotográfica era la prueba de algo. Hoy día, con todas las técnicas que hay para trabajar una fotografía, ha dejado de serlo. El cine documental era una prueba de cosas, hoy día con las posibilidades que te brindan los efectos especiales, cualquier cosa puede ser hecha. La holografía puede lograr que la imagen de un cantante muerto aparezca sobre un escenario. En el futuro, a la realidad la tendremos que buscar con lupa. Por eso dudo que hasta sea yo el que estoy ahí, y no un holograma.

Tu arte está en remeras, paredes, banderas y pieles. Te guste o no, sos un promotor del Copyleft, la antítesis del Copyright. ¿Por qué el arte debe ser libre?

Una prueba muy clara es que vos no me estarías haciendo una nota si yo me hubiera preocupado por perseguir a los que repiten las imágenes que yo hago. Si hubiera puesto un grupo de abogados a sacarles plata a los que hacen remeras, quizás no estarías vos acá. Es sencillo, el arte tiene que difundirse. No me parece que nadie sea dueño del arte, ni siquiera el que lo hizo. Para mí, el arte puede ser como un remedio que salve a la humanidad del cáncer. Yo no me atrevería, si lo descubro, a registrarlo y dárselo a un laboratorio. Quisiera que ese remedio fuera para la humanidad. Lo mismo que hicieron Sabín y Salk, que donaron a la humanidad la vacuna contra la poliomielitis. El arte es para todos. Uno es como un chamán que procura la situación, que hace el rito del arte, pero no es el dueño del arte. El arte lo trasciende. Va más allá del que lo realiza. Lo construye el receptor, el emisor, el mensaje, el contexto.

¿Y cómo se financia en un mundo donde todo vale dinero?

Bueno, estamos en este mundo y a veces nos cuesta y no tenemos más remedio que alquilar nuestra espalda para ganarnos lo que vamos a poner adentro de la olla. En el capitalismo somos todos como una suerte de prostitutos que alquilamos nuestra fuerza muscular para algo, para poder comer. Pienso que en algunas situaciones contraculturales podemos evadir parte de esa situación. Yo no deslindo tener que trabajar para vivir y que tengo que vender el libro que hicimos para poder pagar la edición. Pero trato de venderlo lo más cercano al costo para tener una ganancia razonable. No quiero enriquecerme por eso. Por eso el libro se lanzó a través de un sistema de financiamiento colectivo y de forma independiente. Para que tenga más que ver la unión de personas para realizar algo que alguien que pretende acaparar para sí todo. Está bien, uno puede ser afortunado, pero generar una fortuna más allá de lo que uno pueda gastar no tiene sentido.

Solari es hoy un artista millonario.

No descarto que alguien con una capacidad extraordinaria en la suerte del destino haya hecho que eso fuera posible. Bueno, yo hablo de la fortuna muchas veces. Si vos compraste el billete de la lotería y ganaste, todos pueden decir que no hiciste nada para tener esa suerte. Pero sí, compraste ese número. No se lo robaste a nadie. Otra cosa son aquellos que para lograr su fortuna hayan explotado a un millón de personas por haber hecho transacciones detestables generando polución o contaminación. Pero si alguien, por su talento, logra lo que quiere sin robarle a nadie, me parece sensacional.

¿No ves ahí una contradicción entre el discurso y la realidad?

Para nada, sí pienso que cuando te toca la fortuna vos en algún momento tenés que sentirte agradecido y tratar de reparar en algo eso equilibrando. Por eso te hablo de hacer una reunión de Los Redondos que tenga un sentido social.

El libro y sus coordenadas

El libro contiene la gráfica original, nuevos diseños y agregados en código QR que llevan a videos exclusivos. Fue editado a través de un sistema de financiamiento colectivo en distintas versiones (la más codiciada, se vendía con el Luzbelito original). Hoy se consigue en Nivangio (Colombres 946) o en la disquería Anthology (Galería Bond Street) o por correo a [email protected]

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