Música

“Soy rebelde en todos los ghettos”

Lo dulce no se aleja de Laura Ros, alimentada de leve furia rockera para cobijar los latidos de sus ritmos en su corazón y futuro: las músicas de raíz folclórica. La cantautora de treinta y tantos años debió atenuar el azúcar en sus comidas y cafés por indicación médica en, casi, su séptimo mes de embarazo. Pero los gustos potentes, y a la vez plenos de suavidad, siguen estando en su boca y en su respiración interior secreta. Como los ritmos de raíz folclórica y el rock más energético que conviven en su bella voz, que saborea sus nuevas canciones en su cuarto disco solista: Atar. Y lo presenta este jueves a las 21 en el Teatro Viejo Mercado (Lavalle 3177). “Como siempre, es muy difícil encasillarme. Soy rebelde en todos los ghettos”.

Así larga la risa Laura Ros, tomando un café amargo en un bar de Palermo, cerca del tren que la llevará a su casa en Hurlingham. Es hija de Antonio Tarragó Ros, por si faltara aclararlo, y editó su primer disco, Del aire, en 2005 y ya lleva cuatro en estudio, más un CD+ DVD llamado Tercer jueves, que plasmó con su esposo, el baterista Federico Gil Solá.

Cabrían varias coordenadas para explicar las canciones de Laura Ros, pero ya se ven en la tapa negra de Atar. “Es una bola de energía hecha con un lazo criollo. Yo traigo las huellas del folclore y también vengo del rock argentino, porque es lo que escuché toda la vida. Todo eso convive en mí con soltura”.

Atar acentúa a fondo su búsqueda vocal y compositiva (también en el color de sus melodías) al rastro de una posible música argentina, para este tiempo, que no requiera de rótulos para ser concebida o disfrutada. Bajo la coproducción del guitarrista Lucas Caballero y el baterista Juan Manuel Ramírez, piezas clave de Guauchos, banda de rock folklórico de Formosa, Laura Ros logró reunir -en este Atar- otro gran cuerpo de letras urbanas con ritmos folclóricos (chacarera, huayno, saya boliviana, cierto aire de zamba) y simples canciones, con el justo condimento eléctrico -y programado- para que su portentosa voz se eleve hacia los demás.

“No vivo una necesidad de pertenencia. Hago lo que siento que puedo disfrutar y lograr relativamente bien, y más con la gente que tengo alrededor. Nunca había trabajado con coproductores, pero me di cuenta que con los chicos de Guauchos iba a poder lograr el sonido que soñaba. No me desespera si Atar es aceptado en el folclore, en el rock o en donde sea”, jura. Y el café amargo sostiene su calor entre sus manos, con los latidos en su cuerpo acompasados a los otros. A los sentimientos complejos, y a la vez nítidos -del amor y el dolor, del error y el aprendizaje, de la búsqueda de la identidad-, que envuelve en las nueve canciones de Atar.

“Somos canción que se vuela, tiento que suena, tambor; cuerdas que vibran al viento, sueltas amarras y van”, canta en Qué vas a hacer de mí, una letra compartida con Barbarita Palacios, otra exponente de estos cruces sonoros. Y si estas canciones no tienen límites, apenas la calidad y el imán melódico en cada una, Laura Ros sabe cuál es su desafío: ser fiel a sí misma. “No soy el tipo de persona que calculando: ‘esto va a pegar acá, esto otro allá’. No lo sabría hacer”, divisa.

¿Cómo será la presentación este jueves? “Además de mi banda -Mariano Gillio, Sebastián Villegas y Roberto Garcilazo-, tendré de invitados a Fede Gil Sola, Mavi Díaz, María Laura Marín y a Brenda Martin (de Eruca Sativa), quien también grabó su bajo en un tema de Atar. “Por primera vez en un show mío voy a cantar sentada debido a mi embarazo. Es mágico poder compartir este momento con mi futura bebé”.

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