Música

Vuelve el primer mega festival de la Argentina

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Habrá que remontarse a un tiempo en que no había preventa de entradas y que la palabra sponsor era rara en cualquier vocabulario. Un festival de cuando al rock se le tenía un poquito de miedo o respeto -a veces, sinónimos-, y que la publicidad, ¡la única!, era de zapatillas Flecha y servía para pagar afiches callejeros. B.A. Rock fue primer gran festival argentino. Su edición original data de 1970. Hubo cuatro. La última, en 1982, meses después de Malvinas.

En el comienzo fue un Woodstock local que llegó a estas pampas en forma de rejunte y buena vibra. Para el año que viene, a casi medio siglo de la primera vez, se anunció un regreso que oficialmente tendrá su conferencia de prensa en diciembre.

El B.A.Rock de 1970 llevó unas 3.000 personas –se acostumbraba decir “almas”- y los grupos convocados representaban casi el 100 % de los existentes; más que un concepto festivalero, un criterio de acumulación que permitía justificar la duración maratónica del acontecimiento.

Al margen del regreso vintage, el organizador del evento es la misma persona de entonces. A los 23 tuvo la idea. A la edad de Dylan dice que será el curador exclusivo de un megaconcierto que durará una semana. Daniel Ripoll -de él hablamos-, es menos célebre por su nombre que por haber sido el emblemático director de la revista Pelo.

“Ahora que lo pienso -dice Ripoll- será la primera vez que habrá un B.A.Rock en democracia”.

Las dos primera ediciones se hicieron en el Velódromo. La de 1972, en un anexo a la cancha de Argentinos Juniors (fruto de esa experiencia se conoce la peli Rock hasta que se ponga el sol). La última vez se llevó adelante en la cancha de rugby del Club Obras Sanitarias.

Ripoll debería escribir un libro porque, seguramente, el rock nacional le deba más de una página de gloria. Sólo pensar que llegó a este negocio antes que Grinbank y que subió a León Gieco a un escenario cuando no era más que un flequillo con guitarra criolla. “Sigo pensando la cultura del rock como una manifestación de los jóvenes que se plantaron contra la obediencia”.

¿De qué estará hablando este señor?, se pregunta un millennial cualquiera.

“Los millennials saben que la música nacional que escuchan proviene de Spinetta, Cerati, Melero y de la evolución de esa historia. Además, se van a sentir representados con grupos para ellos… Spinetta fue un millennial de la década del ‘70”. Dice que habrá una serie de conciertos con artistas nuestros y con espacios bien delimitados para las distintas generaciones.

¿Y las entradas? “Van a ser más baratas que las entradas del festival existente más barato (…) Me da mucha pena ver a los músicos argentinos en la fila cinco de las prioridades cuando nosotros somos los difusores del rock en español. La figura siempre es de afuera, algo que viene siendo así desde Amnesty Internacional (el recital donde figuras como Sting, Peter Gabriel y Bruce Springsteen se codearon, en nombre de los Derechos Humanos, con Gieco o Charly García).

“Y me acuerdo de ese show, cuando los artistas internacionales invitaron, por misericordia, a nuestros músicos. Feo. Estaban las Madres de Plaza de Mayo… Nosotros pusimos la carne y ellos, las lágrimas. El disco lo terminaron haciendo las multinacionales. Esa dicotomía fue muy evidente y marcó un punto de quiebre para la industria elefantiásica del show business”.

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